Estaba nublado cuando empezó su día, nuevamente esos sueños de muerte la noche anterior,
le despertaron los gritos....
Arrastró los pies hasta la puerta, esa luz blanca le cegaba los ojos, dolor de cabeza y temblores por el sueño reciente, el aire olía a él.
Se preguntaba si los gritos venían de arriba, levantó la cabeza mirando el techo...silencio..
Regresó a la cama aun tibia, un ronroneo sonó a los pies de la cama, y vió los ojos de Oli entre abiertos y oyó un suave maullido...
Se tapó hasta los hombros, temblaba aún y sentía frio.
Hizo cuenta de los meses, cerró los ojos tratando de dormir de nuevo. Era inútil.
Se sentó en la cama, encendió un cigarrillo, el libro abierto de cara al suelo.Caminó hasta la ventana y contempló las nubes.
-Un día nubladamente doloroso- dijo a Oli, este respondió con un maullido, mientras se estiraba bostezando para luego acercarse hasta sus pies y cambiar un poco de cariños por el desayuno...
Ella preparó el café de la mañana para calmar el dolor de cabeza, otro cigarro, una ducha tibia, peinarse las pestañas y salir un poco de casa, debía ir al Correo.
No dejó de pensar en los sueños que habían regresado, era casi un año que lograba dormir más de 4 horas, pensó que eran los recuerdos.
Subió al bus. La calefacción arruinaba las nubes, no sabía por qué era necesario poner la calefacción al máximo si la gente va bien abrigada. Molestía para Lucía, busca un asiento vacío al lado de la ventana, se pone los audífonos, no se le antoja música esa mañana, Cortázar la acompañó en el trayecto.
Aquella voz afrancesada le causaba gracia, esa lectura sin entonaciones pero tan dulces, ella sonreía, reía y hasta suspiraba al terminar algún texto, ajena siempre a la presencia de las demás personas que la miraban de reojo...
Se bajó del bus y se puso a caminar, el día dolía, mejor no pensar y seguir escuchando...
La oficina de CORREO estaba cerrada, y Lucía puso caras de descontento -Condenadas oficinas que descansan un sábado- pensó.
Guardó el paquete de nuevo en el morral y regresó a caminar. Las calles estaban vacías como a ella le gustaba.
"Bebé Rocamadour" recitaba Cortázar mientras leía a la Maga.
Lucía buscó un café, necesitaba sentarse, con la voz de Cortázar llegaron a su mente mil palabras, se tragaba las lágrimas para evitar llorar revolvía el café con leche mezclada con la voz en sus oidos,
De pronto notó como la voz de Cortázar se transformaba en su propia voz.
-Hoy me tienes- se dijo a sí misma.
Se sonó los mocos (recordando lo que Julio decía en sus Instrucciones para llorar) y las lágrimas cesaron.
-Julio siempre tiene la razón- pensó.
Se sintió mejor, dejó el dinero en la mesa y dijo gracias al camarero sin mirarlo recordando que un par de días atrás, cuando se puso a contemplar a la gente,como era costumbre en ella, notó en las mujeres especialmente, que cuando lloran siempre lo hacen con mucha actuación, tienen los ojos llenos de lágrimas, la mascara de las pestañas chorreado, la nariz roja, es evidente que no están felices y que han llorado, sin embargo finjen una sonrisa de bienestar mientras saludan o agradecen a alguien mirandole a los ojos.
-Pura hipocresía- se repetía ella.
Llegó a casa, abrió la puerta cuando Oli y sus ronroneos, Oli y sus maullidos, Oli y sus juegos, Oli y sus miradas, Oli un refugio.
Le levanta del suelo y le besa en la cabeza mientras le imita los maullidos.
El libro permanecía en el suelo desde la noche anterior, lo levantó, pasó la mano sobre las páginas, lo cerró y lo acercó a la nariz para oler las hojas. Aún olía a él, el ambiente entero olía a él.
Sentada, apoyó una mano sobre la mesa, cerró los ojos mientras recordaba sus palabras hace tanto tiempo ya...
"Me asfixia tu nombre, me asfixia el solo hecho de no poder decirlo por la amarga desazón de la no respuesta, me arde ya la garganta de tanto decirlo con esta voz afónica.....que nadie oye, porque no existís aquí, donde eres papel y materia, incluso creo me ha dado alguna especie de otitis virosico-paranoica creo, de no escuchar que nadie te nombre y yo te escuche todo el tiempo, hablandome.."
Sintió al gato subirse a sus piernas ronroneando, ella abrió los ojos y le acarició, era hora de cambiar ronroneos por el almuerzo.
S.G.